El suelo de las grandes capitales a veces quema, y el brillo de las estrellas Michelin puede llegar a cegar. La gastronomía es un viaje de ida y vuelta. En una profesión a menudo obsesionada con el reconocimiento, las listas y la vanguardia, cada vez son más las voces que se bajan de la rueda de la alta cocina para buscar el éxito en la desconexión, la conciliación y el retorno a la raíz. Es la búsqueda de una felicidad más humana y real, despojada de los corsés del protocolo, que encuentra su escenario ideal lejos del ruido de las metrópolis.
