Los pinares mediterráneos de la Comunitat Valenciana no solo regalan paisajes para caminar y respirar aire puro: también esconden pequeños inquilinos que pueden convertirse en un peligro si no se conocen bien. La procesionaria del pino (Thaumetopoea pityocampa) es uno de esos habitantes. Sus orugas, que recorren los pinos y áreas cercanas en largas filas a finales de invierno, son famosas por sus pelos urticantes, capaces de causar graves reacciones en humanos y animales.
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